domingo, 8 de mayo de 2011

Manchas creativas y ciencia-decoloración con lejía

Seguro que alguna vez se os ha manchado la ropa con lejía (hipoclorito sodico)
Hoy vamos a salvar esas prendas que en otro caso tiraríamos.
Material
- Prendas manchadas de lejía. 
- Un lápiz de lejía "bleach pen" o un énvase de cola vacío, un pincelito y lejía
- Tijeras
- Clips o cinta adhesiva
- Plantilla o una lámina de plástico

Procedimiento
Seleccionamos un dibujo de una plantilla de plástico o realizamos un dibujo que será nuestra plantilla; lo recortamos con unas tijeras
Ponemos la plantilla sobre la prenda de modo que englobe la mancha accidental de lejía y esté más o menos centrada con respecto a la prenda en conjunto. y lo sujetamos con unos clips para evitar que se mueva
Aplicamos el lápiz de lejía sobre el hueco de la plantilla
Si no conseguimos el lápiz podemos fabricar el nuestro con un botecito de cola y un pincel.



Y si somos habilidosos incluso podemos utilizar adrede la lejía para decorar otras prendas.



Explicación
Las lejías líquidas no son otra cosa que una solución al 5,25% de hipoclorito de sodio (NaClO) en agua.

¿Por qué blanquea o decolora la lejía?.
En realidad la lejía no sabe nada del color blanco, aunque sí del resto de colores y es que la lejía ataca a los compuestos químicos coloreados. Y a éstos los distingue en base a la situación de los electrones de sus coloreadas moléculas.
Veamos cómo.
La luz solar contiene todos los colores y es precisamente la coincidencia de todos ellos lo que a nuestra visión particular la presenta sin ningún color. Por ello la llamamos luz blanca.
Cuando la luz incide sobre una prenda puede ser que todos los colores de la luz blanca se reflejen por igual. Entonces decimos que es blanca puesto que sólo podemos juzgarlo por la luz que envía a nuestos ojos.
Si la prenda está manchada quiere decir que lo está de una sustancia que no es de color blanco. Ello supone que absorbe o retiene algunas de las frecuencias correspondientes a unos colores y refleja el resto. Esa tonalidad reflejada llegará a nuestros ojos y podremos decir que la mancha es de tal o cual color.
Cuando una sustancia absorbe energía luminosa, en realidad son los electrones presentes en sus moléculas los que realizan tal absorción. Y cuando esto sucede, los electrones se excitan hasta alcanzar un nivel de energía superior en las moléculas.
Así, en la ropa o cualquier otra sustancia de color blanco, los electrones de sus moléculas ya se encuentran al máximo nivel energético y por ello no absorben más energía y repelen todas la frecuencias de la luz solar. Y en las ropas coloreadas, manchas o cualquier otra sustancia de color, los electrones de sus moléculas tienen una energía particularmente baja y, por tanto, son susceptibles de capturar energía y de mostrar el color correspondiente a la frecuencia energética rechazada.
Y así es como funciona la lejía o hipoclorito de sodio, “tragándose” —o hablando con más propiedad oxidando— esos electrones de baja energía, de manera que ya no están disponibles para absorber energía. Provocando con ello que todo el espectro luminoso sea rebotado y que la prenda se muestre blanca a nuestros ojos.
Fuente "En casa de tia Gretel" y "saber curioso"




2ª Experiencia: Decoloración de prendas con lejía

¿Qué vamos a hacer?.
Decolorar distintos tejidos con lejía
Material.
        - Pedazos de tela o prendas de ropa de colores y tejidos distintos.
         - lejía (disolución de hipoclorito sódico).
        - cuentagotas.
Procedimiento.
Recortamos cuadrados de tela de diferentes colores y tejidos distintos sintéticos y naturales: lana, algodón, poliester, seda, etc .
Con un cuentagotas vertemos gotas de lejía sobre los tejidos y observamos lo que pasa.
¿Qué sucede?.
Las prendas de ropa pierden la intensidad de su color, cambian el color e incluso se decoloran totalmente.
Explicación.
El hipoclorito actúa sobre las sustancias que dan color a la ropa (las oxida) haciendo que los tejidos cambien de color e incluso decolorándolos totalmente
Precaución: Llevar ropa vieja para evitar accidentes y estropearnos la ropa.
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